Rezar por los difuntos

Las Misas Gregorianas
Se llama misas gregorianas a una serie de misas que se dicen por el alma de un difunto durante treinta días continuos.
  
La tradición de treinta días
Ya en la edad media había nacido la costumbre de ofrecer misas en sufragio por los difuntos. Muchas veces se ofrecían siete, nueve o más misas, variando el número de acuerdo a la piedad o costumbre del lugar. Finalmente esta tradición se establece cuando el Papa San Gregorio Magno al celebrar 30 misas por el alma de un monje; al término de ellas, el fallecido se le aparece a un compañero del monasterio y le dice que había sido liberado de las penas del purgatorio.
  
La comunión con los difuntos
"La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones `pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados' (2Mac 12, 45)"[1]. Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor. Responde a la séptima obra de caridad espiritual que puede realizar un cristiano, orar por vivos y difuntos.
  
Los difuntos y el sacrificio Eucarístico
El Sacrificio eucarístico es el corazón de la realidad pascual de la muerte cristiana[2]. La Iglesia expresa entonces su comunión eficaz con el difunto: ofreciendo al Padre, en el Espíritu Santo, el sacrificio de la muerte y resurrección de Cristo, pide que su hijo sea purificado de sus pecados y de sus consecuencias y que sea admitido a la plenitud pascual de la mesa del Reino[3]. Así celebrada la Eucaristía, la comunidad de fieles, especialmente la familia del difunto, aprende a vivir en comunión con quien "se durmió en el Señor", comulgando con el Cuerpo de Cristo, de quien es miembro vivo, y orando luego por él y con él[4].
  
Obra de misericordia espiritual
No se puede decir que sea necesario pero sí que es una buena costumbre que demuestra la piedad y la fe de sus seres queridos, pues esta obra está fundada en el dogma de la existencia del purgatorio y saber que las almas que allí se encuentran necesitan de nuestras oraciones. Nos dice al apóstol Santiago en su carta: “…y yo te probaré por las obras mi fe.” (Sant. 2,18). Por la fe y las obras de piedad, en particular en estas misas, vemos la realizada la principal tarea encomendada por Cristo a todo discípulo: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”; y de esta manera, por medio de esta gran obra de caridad, demostramos nuestro amor por aquellos que más necesitan de nuestras oraciones especialmente los difuntos.
 

LG 50
cf OEx 1.
cf. OEx 57.
(C.I.C. 1689).
(C.I.C. 1689).